Este interior de manzana dedicado al arquitecto Cèsar Martinell es, posiblemente, uno de los espacios que mejor permiten adivinar el Eixample que imaginó Cerdà; con calles sombrías y patios interiores como éste, rodeado de galerías y balcones.
Estos jardines se han dotado de una hilera de bancos para leer o descansar, así como de una zona de juegos infantiles protegida del sol por árboles.