La cesión, para uso público, de este interior de manzana recuperado en el año 1997 y dedicado al escritor Manuel de Pedrolo, permitió abrir en el barrio de Fort Pienc un espacio de ambiente recogido e íntimo, aislado del ruido de la calle y bien enjardinado con cerezos, palmeras, magnolias, chopos y otras especies de árboles.
El silencio y la tranquilidad, obstaculizados únicamente por las risas de los más pequeños que disfrutan de la zona de juegos infantiles, es su principal encanto.